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Quien visita Roma coincide en que no es un viaje más, sino que es uno de los que marcan de verdad y lo tendrás en tu recuerdo toda la vi...

Roma enamora

Escrito por Waytours Viajes el lunes, 6 de febrero de 2017 | 13:02


Quien visita Roma coincide en que no es un viaje más, sino que es uno de los que marcan de verdad y lo tendrás en tu recuerdo toda la vida. Y es que cada rincón de esta preciosa ciudad hace que te adentres en un mundo de otro tiempo.

A continuación pasamos a detallaros los cuatro días que estuvimos en Roma. Os avisamos que es un recorrido bastante completo, en el que se anda mucho, ya que en su día preferimos hacerlo así, porque eran pocos los días que pasaríamos en la capital italiana. También hay que decir que el último día es bastante más tranquilo y si algo os dejáis por ver, podréis volver para que no os dejéis nada. Otra cosa que queremos comentar, es que Roma es una ciudad que recomendamos caminarla, es decir, no usar transporte público, salvo para ir a lugares alejados del centro, ya que Roma sorprende, y a cada paso que das por esta magnífica ciudad encuentras rincones que no aparecen en ninguna guía, pero en los que puedes pasar horas disfrutándolos.

El primer día al ser en el que más se camina, podéis por ejemplo dividirlo en dos jornadas si preferís ir a un ritmo más tranquilo. Nuestro alojamiento estaba ubicado justo al lado de la Basílica de Santa Maria Maggiore. Comenzamos muy temprano para dirigirnos hasta la Plaza de España, y desde primera hora nos sorprendió la ciudad, ya que por el camino pudimos ver varias iglesias, fuentes y esculturas que nos llamaron mucho la atención.


Al llegar a la Plaza de España nos encontramos con la impresionante escalinata que la preside, arriba la iglesia de la Trinità dei Monti y abajo la Fontana della Barcaccia. La Piazza da sensación de vida desde el momento en que se llega a ella, grupos de amigos sentados en el mármol de la escalinata, hay también quien se sienta al sol a leer o los hay que interpretan su música con diversos instrumentos. Abajo, la Fontana della Barcaccia, completamente llena de gente a su alrededor, y es que la estampa que se dibuja a su espalda es espectacular, con la fuente en primer plano y detrás la escalinata de mármol travertino coronada por un obelisco y la iglesia, simplemente espectacular.

La Piazza Spagna se encuentra en la zona de compras de Roma, las grandes marcas se agolpan en la Via dei Condotti, lugar de referencia de la moda. Tras echar un vistazo a los desorbitantes precios de los escaparates, continuamos por la Via del Babuino para llegar a la Piazza del Popolo, donde nos encontramos con un enorme espacio ovalado presidido en su centro por un obelisco egipcio, uno de los más altos de Roma. Después de descansar un momento en el basamento de este obelisco, observamos que justo en frente nuestro había una puerta, la Porta del Popolo y una iglesia a continuación de la misma, la iglesia de Santa Maria del Popolo. A nuestra derecha, al lado este de la plaza, pudimos ver un mirador justo antes de la entrada a la Villa Borghese, decidimos subir y... La sorpresa fue increíble. Roma desde uno de los puntos más elevados de la ciudad, ante nosotros se nos presentó un mar de torres y cúpulas, a lo lejos impresionaba la cúpula de la Basílica de San Pedro, pero eso lo dejaríamos para el día siguiente.

Antes de dejar la plaza, observamos las conocidas como "iglesias gemelas", Santa Maria dei Miracoli y Santa Maria in Montesanto, separadas por una de las principales calles de la ciudad, la Via del Corso. En un principio lo de gemelas es algo más que evidente, pero al mirarlas con más detenimiento, pudimos ver algunas diferencias entre ellas, y cierta asimetría que cuanto menos sorprendía, pero informándonos sobre ello, comprobamos que es uno de los rasgos principales del barroco.

Llegamos a la Piazza Colonna, una pequeña plaza rectangular, y decimos pequeña porque en comparación con la del Popolo es prácticamente diminuta. La plaza está rodeada por tres palacios, y justo al cruzar la Via del Corso se encuentra la Galería Colonna, una importante exposición de arte en Roma. En el centro de la plaza se encuentra una columna de mármol de Marco Aurelio, en su cúspide, una imagen de bronce de San Pablo, colocada allí muchos siglos después.

Una sensación de emoción nos embargó, ¡caminábamos para dirigirnos a la Fontana di Trevi! Nos resultaban raros los callejones que andábamos para llegar hasta uno de los monumentos más visitados de Roma, ¿estaríamos perdidos? No, es uno de los rasgos que le da majestuosidad a la fuente, situada en una estrecha plaza y rodeada de callejones. Espectacular, grandiosa, increíble... Las dimensiones de esta fuente, son descomunales, unos 20 metros de ancho por unos 26 metros de alto. Las figuras que más nos llamaron la atención fueron Neptuno, situado justo en el centro, y a su lado las estatuas de la Abundancia y de la Salubridad. A los pies de Neptuno unos caballos labrados en el mármol travertino característico de la fuente, de un realismo que cuanto menos asombran. La plaza está siempre a rebosar de gente intentando hacer la foto perfecta. Nosotros decidimos ir a comer, y a la vuelta nos armaríamos de paciencia para esperar el momento justo para nuestra foto. Dicho y hecho, nos armamos de paciencia, y un rico "gelato" para encontrar ese instante adecuado, aunque hemos de reconocer que no bastó con eso, también tuvimos que armarnos con algo de Photoshop para eliminar algunas personas que se colaron por medio. Para finalizar, un dato que nos asombró, y es que cada año aproximadamente se saca un millón de euros de la Fontana, y desde hace varios años son destinados a fines benéficos.

Dejamos atrás la Fontana di Trevi para dirigirnos hacia el Panteón de Agripa, pudimos comprobar de nuevo que el centro de Roma es un conjunto de callejones en los que puede ser bastante fácil, incluso agradable, perderse. Por una de estas calles estrechas accedimos al Panteón, que quedaba a nuestra izquierda, pero en el centro de la plaza hay un pequeño obelisco con una base y unas escaleras, donde decidimos hacer una breve parada para leer algo de historia sobre el Panteón. Por fuera es asombroso, una cúpula y una construcción que sorprenden por la ubicación donde se encuentra. El pórtico de entrada da sensación de grandeza, con unas preciosas columnas de granito que se van haciendo más y más grandes conforme te acercas a ellas. Al entrar sorprenden dos cosas sobre todo, en primer lugar el reluciente suelo de mármol y después, el óculo que se abre sobre la cúpula para iluminar el interior. Actualmente, y desde el siglo VII el Panteón es una iglesia, en la que hay muchas obras de arte y varias tumbas de reyes italianos.


El Panteón de la Piazza Navona apenas están separados por unos metros. Esta plaza le debe su curiosa forma a que en un principio no era tal plaza, sino que era un estadio, donde los romanos iban a ver lo juegos, de hecho en la plaza aún queda algún resto de este estadio. Hay tres fuentes en ellas, la primera que llamó nuestra atención fue la que está situada justo en medio, una fuente majestuosa presidida por un obelisco, llamada la Fuente de los Cuatro Ríos, construida por Bernini, y llamada así porque es una representación de los cuatro grandes ríos conocidos por aquel entonces (Gánges, Nilo, Danubio y Río de la Plata). Cada uno de estos ríos está representado por un gigante, y hay uno que tiene un brazo levantado, justo el que apunta a una iglesia que hay en frente, y es que según dice la leyenda el brazo y la cara de horror se los puso de esa forma Bernini por temor a que se cayera la iglesia, ya que ésta era de Borromini, con quien tenía una gran rivalidad. De la fuente también llama la atención un caballo que hay justo en la parte más baja de la escultura, con gran realismo y con una expresión agónica.

Al acabar de darle la vuelta a la fuente, fuimos a la iglesia de Borromini, para comprobar más que nada si eran fundados los temores de Bernini, pero vimos que no, que estaba en perfecto estado. Lo más llamativo es la bonita fachada, ya que el interior no es demasiado vistoso, sobretodo estando en Roma, donde cualquier iglesia o templo al que entres te puede sorprender muy gratamente. Cuando salimos, fuimos a ver las otras dos fuentes de la Piazza Navona, no tan espectaculares como la primera, pero muy bonitas también. La de la zona norte de la plaza se llama Fontana di Nettuno y la de la zona sur es la Fontana del Moro.

Tras callejear por el centro de Roma, llegamos a la Plaza Venecia, donde se encuentra el inmenso Monumento Nacional a Víctor Manuel II, que fue el primer rey de la Italia unificada. Está todo construido en mármol blanco, que es precioso si lo ves en un día soleado. En el monumento también se encuentra la tumba del soldado desconocido, y protegiéndolo siempre hay dos soldados, que se encargan de que en las escaleras del monumento no hagas ciertas cosas que pudieran ser ofensivas, como sentarte, comer, fumar... Esta parte recuerda en su solemnidad a la Ciudad Prohibida de Pekín, como ya comentamos en una entrada anterior. En la parte alta del Monumento hay una terraza desde donde hy unas visas muy bonitas, pero nosotros ya íbamos mal de tiempo y como ya habíamos contemplado Roma desde las alturas en la Piazza del Popolo, decidimos no subir.

Continuamos nuestro paseo rodeando el Monumento, para subir las escaleras que nos dirigirían hasta la Piazza del Campidoglio, donde lo primero que llama la atención es su forma de trapecio, como queriendo dirigir la atención hacia lo que hoy es el Ayuntamiento de Roma. A los lados quedan los Museos Capitolinos, uno de los museos públicos más antiguos del mundo.

Nuestra guía decía que la loba Capitolina estaba allí en la plaza, pero por más que buscábamos no la encontramos, hasta que finalmente vimos una pequeña escultura justo en uno de los laterales del Ayuntamiento. La estatua es bastante pequeña, no imagines algo grandioso como a lo que Roma acostumbra, porque no lo es, es una figura de poco tamaño de la loba amamantando a Rómulo y Remo, sobre una columna que medirá unos dos metros, aproximadamente.

Ya era hora de regresar al hotel, decidimos explorar otras calles en el camino de vuelta, e iríamos a parar a una avenida donde el Coliseo quedaba al fondo, ya que nos hacía bastante ilusión verlo iluminado por la noche. Pero pensando que esa sería la siguiente estampa con la que Roma nos sorprendería, nos equivocamos. Al pasar de largo de la estatua de Rómulo y Remo, apareció en un bacón ante nosotros el Foro Romano, para muchos un conjunto de piedras sin más, pero en realidad esa es la cuna de nuestra cultura, de nuestro Derecho, de muchas de nuestras costumbres... ¡Fue muy emocionante! Porque no lo esperábamos y la luz del anochecer hizo del momento que fuera mágico.

El segundo día comenzábamos con El Vaticano, un plato fuerte para comenzar el día. Cogimos el metro por primera y única vez en nuestra estancia en Roma, ya que la visita comenzaba temprano y nuestro hotel se encontraba bastante alejado. Hay que decir que contamos con un guía de lujo para enseñarnos cada rincón, Miguel Canino, un viejo amigo salesiano que trabajaba por entonces en el Archivo Vaticano y que es sacerdote, Licenciado en Historia, Historia de la Iglesia y Teología.

Quedamos con Miguel en la Plaza de San Pedro, que nos sorprendió lo relativamente pequeña que nos parecía a como nos la imaginábamos por lo que habíamos visto por la tele. Directamente fuimos a los Museos Vaticanos, ya que quedamos bien temprano para no tener que esperar mucha cola. Siempre que se visita un museo parece que surge la duda, ¿y merece la pena pagar el precio de la entrada? Pocos son los museos que no merece la pena pagarla, pero en esta ocasión más aún. Para esta visita os recomendaríamos que si tenéis la oportunidad os lo enseñe un guía, porque hay muchos detalles en el interior del Vaticano, que a cualquier ojo no experto se nos escapan, y sin embargo, un guía te puede mostrar cada rincón y cada detalle de los mismos. Nuestra experiencia con Miguel fue increíble, nos paraba y contaba cada ínfima muestra de historia donde menos lo esperábamos. La última parada de los museos La Capilla Sixtina, un lugar carismático y emblemático para el cristianismo. Es una capilla muy  pequeña, en la que el techo abovedado está decorado por los preciosos frescos que pintó Miguel Ángel. Se pueden ver los asientos desde donde los cardenales eligen al futuro Papa en cónclave, al igual que también puede verse como curiosidad la famosa estufa que provoca la fumata blanca o fumata negra.

Al salir de la capilla nos dirigimos al templo más grande de la cristiandad, la Basílica de San Pedro. Desde la Plaza ya nos parecía que tenía dimensiones monstruosas, pero cuando nos situamos justo debajo de la fachada comprendimos que aún era más grande de lo que parecía. Al entrar en la Basílica, no deja de ser un templo, una iglesia, pero sorprenden sus enormes dimensiones, incluso en las imágenes que se representan como San Vicente de Paúl, San Juan Bosco o San Ignacio de Loyola... Pudimos ver también la preciosa y famosa escultura de la Piedad de Miguel Ángel, además de todas las tumbas o monumentos a los Papas fallecidos. Cuando acabamos de ver la Basílica, echamos un rato más por la Ciudad del Vaticano, viendo el desfile de la Guardia Suiza y echándonos alguna foto con ellos.

Cuando acabamos de comer nos despedimos de Miguel, agradecidos por la compañía y la increíble visita que nos había hecho. Nos dirigimos hacia el Castel de Sant'Angelo, una visita que nos hacía mucha ilusión porque recientemente habíamos visto la película Ángeles y Demonios, y era ahí donde se grabó la escena final. El interior no está muy bien conservado, ya que han sido muchos los usos que se les ha dado al edificio, desde mausoleo, monumento y finalmente pasó a ser un edificio militar. Pero lo que más nos gustó de este edificio son las vistas que se obtienen desde la parte alta, a nuestros pies el Puente de Sant'Angelo sobre el Río Tíber, y de fondo la enorme cúpula que preside la Basílica de San Pedro, esta imagen era la que teníamos más cercana, pero a lo lejos se dibujaban todas las torres y cúpulas que presiden Roma, unas vistas preciosas.

Para acabar el día, nos dirigimos a las ruinas más famosas de la ciudad, al Foro Romano y el Palatino, uno de los lugares más bonitos de la ciudad, donde puedes pasar horas imaginando como era la vida en Roma. En esta visita os aconsejamos que en la entrada os hagáis con una de las audioguías disponibles, para que podáis situaros delante de cada edificio y poder comprender el uso y la grandeza de los mismos, además de recorrer las principales vías de la Roma Antigua, como por ejemplo la famosa Via Sacra o visitar los vestigios de alguno de los famosos jardines del Palatino. Os recomendamos también que compréis la entrada combinada de Coliseo, Foro y Palatino, para poder ahorraros así algo de dinero en las entradas.

En nuestro último día por Roma, decidimos empezar nuestro día bien temprano con la entrada al Coliseo, para no tener que esperar demasiada cola, y efectivamente tuvimos suerte, ya que entramos prácticamente cuando abrieron las puertas. Al igual que os recomendamos en el Foro, aquí también creemos que merece mucho la pena coger la audioguía para que podáis haceros bien a la idea de cada parte del anfiteatro. Al entrar en el óvalo, lo primero que llama la atención es la buena conservación de su estado (como para ser una construcción de hace casi 2.000 años), dando la sensación de estar en un estadio actual. Con una capacidad de unas 50.000 personas, es aún a día de hoy una de las más grandes obras de la ingeniería jamás construidas, incluso hay teorías de que se podía inundar para representar en él las más épicas batallas navales.

Nos dirigimos hacia el Circo Máximo y la Bocca della Verità. El primero suele decepcionar a los que lo visitan, ya que únicamente queda la explanada que ocupó y únicamente podéis imaginar la capacidad que tenía, que se estima en unos 300.000 espectadores. Para la segunda visita, nos dirigimos hacia la Iglesia de Santa María in Cosmedin, lugar donde se encuentra situada la Bocca de la Veritá. Allí tuvimos que esperar una cola de aproximadamente media hora para poder hacernos la típica foto en la que se mete la mano en la boca, la leyenda cuenta que la piedra mordía a quien mentía, por ello es muy típica la foto en la que se mete la mano en la boca de la piedra.

La última parada de nuestro viaje en Roma, el Trastévere, un barrio con aire bohemio y tranquilo, donde poder pasear tranquilamente por sus sinuosas calles. La mayor parte de la vida de este barrio es la Piazza di Santa María in Trastevere. Hay dos elementos que llaman la atención, el primero la Basílica de Santa María in Trastévere, un templo que destaca por su mosaicos dorados tanto en el interior como en el exterior, y una fuente situada en el centro de la plaza que sirve como punto de encuentro, o lugar donde sentarse tranquilamente a descansar. Por el barrio podrás encontrar multitud de calles empedradas, además de multitud de pequeñas iglesias llenas de encanto o pequeñas tiendas donde poder comprar un recuerdo de vuestro paso por la ciudad.

Esperamos que este post os sirva de ayuda y referencia en vuestro viaje a Roma, y si necesitáis algo más de información, no dudéis en preguntarnos y os ayudaremos en todo lo que nos sea posible.

Saludos y, ¡Buen viaje!
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