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Retrato de Mao a la entrada a la Ciudad Prohibida Comenzaremos esta andadura contando el viaje que tenemos más reciente. El pasado mes ...

China, un choque cultural

Escrito por Waytours Viajes el lunes, 14 de noviembre de 2016 | 13:00

Retrato de Mao a la entrada a la Ciudad Prohibida
Comenzaremos esta andadura contando el viaje que tenemos más reciente. El pasado mes de junio tuvimos la posibilidad de viajar al lejano oriente, visitamos tres ciudades emblemáticas chinas, que fueron Pekín (Beijing), Xian (Xi'an) y Shanghai (Shanghái).

Realmente es lo que se conoce como un choque cultural desde el mismo momento que pones el pie en China. No trates de buscar un parecido con el Viejo Continente, porque no lo encontrarás, todo es diferente, y debes de ir preparado para ello, para empaparte de la rica cultura china, de la que aprenderás muchísimo siempre que estés dispuesto a ello. Nosotros tuvimos la gran suerte de encontrarnos en el aeropuerto carteles en inglés, cosa que agradecimos enormemente, ya que la comunicación con el personal del aeropuerto se hace prácticamente imposible porque son muy pocas las personas que encontraréis en China que hablen o al menos "chapurreen" el inglés. Y digo que tuvimos la gran suerte, porque encontrarse carteles en inglés en el aeropuerto es algo bastante reciente.

Pekín, es la capital de la República Popular China, y es grande, muy grande, de hecho es una de las ciudades más pobladas del planeta, y de eso es lo que te llevas la sensación desde que vas del aeropuerto hasta el hotel, avenidas inmensamente largas e interminables con un sin fin de coches zigzagueando, colándose por diminutos espacios y saltándose normas de conducción que a los españoles hacen que se nos encoja el corazón y prefiramos casi ni mirar por la ventanilla. Pero a pesar de ser una ciudad llena de rascacielos, de gente y de coches, tiene algo especial, un algo que le hace parecer un pueblo.

Comenzamos nuestro recorrido por Pekín en la Plaza de Tiananmen, una de las plazas más grandes del mundo. Para que os hagáis a la idea de las distancias en China os contaré que según Google Maps, nuestro hotel estaba situado a 1.2Km de la Plaza de Tiananmen, y tardamos en llegar una hora y media, y olvídate de ir andando porque es prácticamente imposible. Una vez en la Plaza pudimos ver edificios tales como el Museo de la Historia de la Revolución, el Mausoleo de Mao o el Monumento de los Héroes del Pueblo. Pero a pesar de tantos edificios, y de tener la Ciudad Prohibida al fondo, el centro de atención éramos nosotros, un grupo de occidentales justo en el centro neurálgico y geográfico de la capital china. Nos impactó muchísimo, éramos el centro de todas las fotos y muchas de las personas que habían en la Plaza nos requerían para echarnos una foto con ellos, nos hizo gracia, de hecho era gracioso las primeras 200 fotos, luego tienes que aprender a sortearlos, porque sino no disfrutas del destino y de sus maravillas. Nos surgió la curiosidad de por qué querían fotos con nosotros, le preguntamos a Yuán (Marta en traducción libre al castellano, nuestra fantástica guía) y la explicación es sencilla, China abrió sus fronteras no hace muchos años al turismo, y como tal, el primer turismo que descubren es el interior, por lo que hay mucha gente de zonas rurales que visitan Pekín por primera vez y es la primera vez que ven a un occidental "en vivo". Por la televisión han visto muchos, y por esto quieren fotos con nosotros.

Para entrar en la Plaza de Tiananmen tuvimos que pasar un primer control de seguridad, bastante liviano, pero, ¡ojo! los mecheros en China son considerados como un arma blanca al igual que pudiera ser un cuchillo, por lo que no pasaréis ningún control si lleváis encima un mechero. Ya en la Plaza, bajo una enorme bandera de China se respira la solemnidad y el respeto que todos los chinos tienen por su patria y por su bandera, siempre protegida por tres cuerpos de policía, la militar, otra digamos que equivalente a la Policía Nacional, y otro cuerpo de seguridad similar a la Policía Local. En el Mausoleo de Mao las colas eran enormes desde que llegamos a primera hora de la mañana y hasta que nos fuimos. Cruzamos una avenida y continuamos nuestro recorrido por la Ciudad Prohibida, pasando por debajo del enorme retrato de Mao Zedong. Dos puertas más adentro, volvimos a pasar otro control de seguridad, este ya más estricto y  personal, donde sí que registraban bolsos y bolsillos. La Ciudad Prohibida impresiona, por sus enormes construcciones, por los colores rojo y dorado (el amarillo es el color representativo del emperador) predominantes en todas las puertas y edificios, por la cantidad de detalles, por sus museos, por sus jardines... Pero hay un edificio que destaca por encima de todos, que es el Salón de la Armonía Suprema, es un edificio precioso por dentro y por fuera, es una pena que lo tengan cerrado al público y solamente se pueda contemplar desde la puerta.

Ya era la hora de comer, y con el miedo que los occidentales tenemos a la comida china nos enfrentamos a nuestro primer almuerzo. Nos lo comimos todo, ese es el mejor resumen, no fue la mejor comida del mundo, pero era perfectamente comestible, si bien, algo de miedo nos infundió porque nos temíamos que toda la comida fuera de ese tipo, pero para nuestra suerte no fue así, descubrimos que la gastronomía china es mucho más rica de lo que creemos en España, y que la comida típica de restaurante chino, en el lejano oriente prácticamente no existe. Comimos bien durante toda nuestra estancia, sin ningún tipo de problema ni de "comida rara". Los saltamontes, alacranes, grillos y demás bichos comestibles solo existen en las zonas más turísticas, a lo que me refiero es que no los encontrarás en la carta de ningún restaurante. Lo que más comimos fue arroz, que allí es usado como aquí en España el pan, y otras comidas también muy ricas que comimos bastante fueron noodles y sopa de pollo.

Por la tarde fuimos a ver el Palacio de Verano. Es un parque que tiene varios edificios como teatros, pagodas, residencias o puertas. Las familias van a pasear con los niños, a hacer deporte o simplemente a descansar sentados en un banco con las preciosas vistas a lo que más llama la atención del Palacio, el lago Kunming, que es (como todo en China) enorme. Otras dos construcciones que llaman la atención son el Barco de Mármol (que lógicamente no sirve para navegar) y el Puente de los Diecisiete Arcos, que conecta la orilla con un isla que hay en el centro del lago. Nosotros tuvimos la suerte de poder dar un paseo en una típica embarcación, que nos acercó por la isla y por el puente, y la verdad es que las vistas desde el barco hacen que merezca la pena el paseo.

Barco de Mármol


Al día siguiente visitamos la Gran Muralla China, y pudimos comprobar por qué está designada como Patrimonio de la Humanidad. Es uno de los monumentos que ni aún viendo miles de fotos puedes hacerte a la idea de lo bonito e impresionante que es. Eso sí, os recomendamos que para la visita os llevéis un calzado muy cómodo, porque tiene rampas y escaleras que son prácticamente una pared. Normalmente la visita la suele "estropear" la niebla, ya que los lugareños dicen que un 80% de los días la encontrarás cuando subas a la Muralla, pero nosotros tuvimos la enorme suerte de pillar uno de los días más despejados y soleados de los últimos meses, y fue realmente espectacular. Ver naturaleza a un lado y a otro de la Gran Muralla, bosques de un verdor increíble, naturaleza en estado puro. Otra cosa de la que tendrás que ir cargado es de paciencia, porque si vas buscando la foto perfecta en la que solo salgáis las personas que te acompañen y tú... Es una tarea ardua, ya que la Muralla siempre está muy llena de gente, y no pararán de pasar por delante de tu objetivo, por lo que te aconsejamos que respires y pidas educadamente a la gente que se espere un momento para que puedas echar tu foto. Bueno, eso o elegir la opción que nosotros tomamos. Hay muchos sectores de Muralla para poder visitar, nosotros fuimos a Mutianyu que no es la más turística, como por ejemplo pueda ser el sector de Badaling. Como ventaja tiene que el número de turistas que te encuentras es bastante aceptable, y como contra es que tiene algo más de pendiente en las rampas que tienes que subir. En Mutianyu hay dos zonas, una más cómoda, en la que hay menos rampas y a la que llega un teleférico, y otra menos poblada de turistas con muchas más rampas y escaleras (merece la pena el esfuerzo) y muuucho menos concurrida, en la que podrás tomar tantas fotos como quieras y parecerá que estás solo en la Muralla.


Gran Muralla China, sector de Mutianyu

De vuelta a la ciudad paramos en un puente en la Villa Olímpica de Pekín, para poder tener una vista panorámica de dos de sus emblemas más representativos de los Juegos de Pekín, como fueron el Nido de Pájaro, que actualmente es el estadio nacional y el Cubo de Agua, que fue el centro de natación olímpico. A continuación fuimos a visitar el famoso Mercado de la Seda, aunque de mercado tenga poco en realidad, ya que se trata de un edificio de 5 plantas que se asemeja más a un centro comercial. Debéis tener en cuenta que el edificio está vigilado por la Policía Militar, y os exigirán que presentéis el pasaporte a la entrada, o no os dejarán pasar, son bastante estrictos en este aspecto. En él hay infinidad de tiendas, organizadas en función de los artículos que vendan. Casi todo réplicas e imitaciones casi perfectas de artículos que multiplicarían mucho su valor si fueran originales. Pero cuando vayas ten en cuenta que el precio que marque un producto es un precio mucho más elevado del que el propio vendedor aceptará, y consistirá en regatear hasta que consigas un precio que tanto el comerciante como tú creáis que es justo. Como ejemplo os pondré la compra de unos pequeños souvenirs que hicimos: cuando los vimos estaban marcados con un precio de 300 Yuanes por unidad, a lo que les ofrecimos 50 por uno, el vendedor nos dijo que no, exclamando y gesticulando como si estuviéramos locos por ofrecerle esa cantidad, le dijimos que no pasaba nada, que nos íbamos sin problema, y cuando estábamos cruzando la puerta nos llamó de nuevo para decirnos que nos ofrecía dos por 100 Yuanes, finalmente nos llevamos los dos artículos por 80 Yuanes, y contento él y nosotros.

Ya por la noche fuimos a cenar a un típico restaurante pekinés, a probar el famoso pato laqueado, aunque bueno, el pato al final es lo de menos, y digo que es lo de menos porque es de lo que menos cantidad comes sin duda. Nada más llegar nos recibieron multitud de peceras con marisco y peces de muy diversas clases, bueno y animales marinos que creo que no habíamos visto ni en los documentales. El motivo de tal expositor es que los clientes eligen directamente la pieza que se quieren comer. Continuando por el pasillo pudimos ver mediante un expositor la forma en la que cocinaban el pato laqueado, al horno de leña de algún árbol que desprenda aroma, como puede ser un frutal por ejemplo. Lo asan durante una hora y antes de que se enfríe lo cortan y lo sirven, y ahí es donde se puede apreciar si el cocinero es habilidoso o no, ya que el corte del pato es algo muy metódico y requiere de mucha paciencia para servir las finísimas porciones. Cuando llegamos a la mesa nos sorprendió en primer lugar el escenario que había al fondo del restaurante, donde nos "deleitaron" con diversas actuaciones, tales como un mago, una cantante o un número de cambio de caretas, muy famoso en China. La mesa en la que nos sentaron era redonda, con una fuente de cristal giratoria en el centro. Nos sirvieron nueve platos con diferentes especialidades del restaurante, verduras a la parrilla, pollo con almendras, carne estofada... Todas ellas para compartir y muy rica y sorprendente. Cuando ya nos habíamos comido los platos, llegó el pato laqueado, en una bonita fuente de porcelana con forma de pato. Salió el chef personalmente a explicarnos como teníamos que comerlo, en primer lugar nos servimos una tortita (del tipo a un crèpe), a continuación nos servimos tres o cuatro láminas de pato, las bañamos con la salsa hoisin que nos pusieron de acompañamiento y para terminar le añadimos algo de cebolleta y pepino, cerramos la tortita y nos lo comemos, son dos bocados, pero el sabor es muy muy bueno, de hecho creo que fue el bocado más rico que probamos en China, mereció la pena. Para finalizar el chef volvió a salir al comedor para pedirnos disculpas porque el pato había tardado más de la cuenta (¿en serio?), por lo que nos obsequió con una botella de licor de arroz, que es la bebida más fuerte que habíamos probado jamás, de hecho de la mesa solo tres personas fuimos capaces de acabarnos el vaso (de chupito).


Actuación y fuente con algún plato.

La mañana siguiente completamos la última visita que nos quedaba en Pekín, el Templo del Cielo, un interesantísimo recinto lleno de detalles, formas y símbolos, todos ellos con un significado especial. Para entrar cruzamos una primera muralla, tras la que nos encontramos con un precioso parque con gente dando clases de baile, tocando instrumentos típicos de la cultura china, practicando deporte... Tras un paseo de unos 200 metros, llegamos a otra muralla que tuvimos que atravesar para llegar a la explanada más conocida del templo, en la que se encuentra la famosa Sala de Oración por la buena cosecha, construida totalmente de madera, pero que lamentablemente también se encuentra cerrada al público y solo se puede observar desde el umbral de la puerta. Toda esta sala se encuentra rodeada por tres niveles de piedra, todos ellos rodeados por una barandilla y una escalera totalmente tallada en mármol blanco. En la explanada también hay otras dos salas, hoy día reconvertidas en pequeños museos, pero que no eclipsan la belleza de la sala principal.


Sala de la Oración por la buena cosecha.
Al terminar de comer partimos hacia Xian, en tren. Un viaje de cinco horas en un tren cómodo, sin lujos, pero cómodo, que viajaba a unos 400 km/h. Al llegar era de noche, pero nos pareció que entrábamos en un país diferente, las luces de neón y lo novísimo de las construcciones nos hicieron creer que habíamos cambiado incluso de continente recordándonos a la lejana Las Vegas.


Por la mañana tocaba madrugar, en esta ocasión visitamos el mausoleo del primer emperador de China, dicho así no os sonará mucho, pero si en lugar de eso decimos que es el lugar donde se encuentran los soldados de terracota, a lo mejor sí, ¿verdad? El mausoleo es un recinto muy grande, compuesto por varios pabellones. En el primero, que es el más grande, es donde se encuentran ubicados la mayoría de los soldados. Estas más de 7.000 figuras a tamaño real, son de un realismo impresionante, no usaron para hacerlos ningún tipo de molde, sino que cada uno es diferente del anterior, con rasgos específicos cada uno, bigote, barba, peinado, arrugas en la cara, pliegues en la ropa... Otra curiosidad (quizás la que más nos llamó la atención), es que los soldados originales no son del color del barro, sino que estaban pintados y tenían unos colores llamativos, pero al llevar pintados tanto tiempo, al contacto con el aire, los colores desaparecían al cabo de cinco horas de haberlos desenterrado, por esta razón aún quedan un buen puñado de soldados que desenterrar, mientras se investiga alguna forma de que éstos puedan mantener sus colores originales. Este peculiar ejército tenía armas de bronce, espadas, arcos, flechas, lanzas, puñales, etc. como las mismas que llevaban a la batalla, pero una revolución al poco de construir la tumba, provocó los saqueos de ésta, robando la mayoría. Pero en la tumba además de estas figuras humanas también hay caballos a tamaño natural, carros de combate elaborados con madera y numerosas dudas de qué esconderá todavía el hallazgo, ya que aún queda mucho por desenterrar, como por ejemplo la propia tumba del emperador, porque los arqueólogos no la quieren tocar hasta que no estén seguros de que la pueden abrir sin dañar su interior.

Detalle de los soldados de terracota

Después de comer, nos trasladamos a la Puerta Sur de la preciosa y enorme Muralla que rodea al Xian antiguo para visitar la Gran Pagoda de la Oca Silvestre. Este es un recinto budista donde se puede respirar espiritualidad, paz y respeto. El edificio principal de este complejo es la Gran Pagoda, que es un edificio construido en forma de pirámide de siete pisos de altura. En el resto de edificios que lo acompañan se encuentran diferentes museos, altares a Buda y tiendas con las que financian el mantenimiento del recinto.

Al término de esta visita nos desplazamos al corazón del Xian antiguo, al barrio musulmán por donde pudimos dar un paseo. Esta zona llama mucho la atención por la pluralidad de culturas que conviven en él, ya que estás en el corazón de una ciudad que fue capital de China, paseando por un barrio que perfectamente recuerda a cualquier zoco de cualquier ciudad marroquí. En este paseo tendrás la oportunidad de encontrar auténticas gangas para llevarte algún souvenir, aunque también tendrás que regatear para conseguir un buen precio. Pudimos ver que la higiene y salubridad en esta zona quizá no fuera la más adecuada... Había infinidad de puestos de comida donde podían verse corderos abiertos en canal colgando del árbol más cercano, cangrejos o calamares rebozados sin mucha pinta de haber sido limpiados previamente, la masa con la que hacen los noodles siendo estirada y golpeada contra la fachada del establecimiento... En definitiva, un lugar no muy apetitoso para comer algo. También hemos de decir que fue el único lugar que visitamos que nos pareció algo inseguro, ya que presenciamos varios hurtos y timos. Al llegar a la parte final barrio musulmán nos encontramos con la Torre del Tambor, un bonito edificio que originalmente se construyó con la función de hacer sonar el gran tambor que alberga en su interior para anunciar el fin del día.

Cordero abierto en canal.

Calamares y cangrejos rebozados.

La Torre del Tambor.
El día siguiente nos tocaba traslado. En esta ocasión para ir a nuestro último destino, Shanghai, cogimos un avión a media mañana. Si Pekín nos dio la sensación de ser enorme, Shanghai aún más, todo son rascacielos, cada edificio que ocupa esta cosmopolita ciudad es un rascacielos. Las carreteras y autovías nos recordaban a la entrada a las grandes ciudades americanas, con diferentes niveles e infinidad de coches, la circulación siempre era lenta y los atascos continuos. Comenzamos a explorar esta ciudad por el Jardín del Mandarín Yu o Jardín Yuyuan, donde todo es tranquilidad. Las prisas y aglomeraciones de gente que hay en el exterior no existen aquí, se trata de un jardín tradicional chino, con diferentes salas y pabellones enclavados sobre un espectacular lago con muchísimos peces de colores. Hay muchísimas plantas diferentes, que hacen del jardín un lugar idílico para sentarse y disfrutar de la tranquilidad que ofrece durante un largo rato.

Jardín Yuyuan.
Tras salir del Jardín Yuyuan nos dirigimos al templo del Buda de Jade, un espacio lleno de respeto y oración. Lo primero que nos sorprendió fue la combinación, que se puede apreciar en la imagen, de rascacielos asomando sobre las construcciones típicas chinas del templo. Empezamos la visita un tanto extrañados, porque al entrar en las distintas salas del templo, nuestra guía hablaba sin ningún reparo mientras a nuestro alrededor varias personas, con sus bolsas de la compra o con su ropa de trabajo, oraban y meditaban. Las personas que nos encontramos en este templo eran increíblemente amables y serviciales, aún sabiendo que no los entenderíamos, intentaban explicarnos algunos detalles del templo y del budismo, incluso nos cedían incienso para que se lo pusiéramos a los dos enormes Budas de Jade que presidían las dos salas centrales del templo.

La última visita que nos esperaba en nuestro viaje era el Bund de Shanghai, que es algo parecido a un paseo marítimo, pero en lugar de mar, lo que recorre es un río, en concreo el río Huangpu. Desde esta zona se obtiene la vista más famosa de Shanghai, el Skyline del barrio de Pudong, donde se encuentran los edificios más emblemáticos, como la Perla de Oriente (el edificio de las dos bolas en un tono rosáceo), el Shanghai World Financial Center (conocido como el abridor, por la abertura que tiene en su parte superior) o la Torre de Shanghai, que actualmente es el edificio más alto de China. El Bund es un lugar muy concurrido, lleno de gente de todas las edades. Nos encontramos con varias excursiones de colegiales, varias parejas de novios haciendo su reportaje de bodas, gente local haciendo deporte, grupos de amigos pasando el rato, pero sobre todo estábamos muchos turistas intentando sacar la foto perfecta del skyline de Pudong.

Pudong desde el Bund, Shanghai.

Este fue nuestro viaje por China. Esperemos que os sea de mucha utilidad toda la información, y si necesitáis más, o algo más detallada, no dudéis en poneros en contacto con nosotros. Más adelante subiremos un post con la preparación del viaje a China. Esperamos que os haya gustado viajeros.

Saludos y, ¡buen viaje!
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